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03 abril, 2011

EL DESCANSO DE LA TIERRA




Al levantarse, sintió frío. Había bajado mucho la temperatura con respecto a la noche anterior. Se puso la bata y las zapatillas, pero percibió mucha luz en la habitación, una luz blanca que lo inundaba todo de serenidad. Corrió las cortinas y allí estaba, había llegado sin darse cuenta, en silencio como todos los inviernos: un manto expeso y blanco cubría todo el exterior.
Se sentía llena de paz y energía, el invierno le causaba un sentimiento de quietud, de descanso para su mente y su espiritu.
Bajó a la cocina y se preparo el zumo y el café. Lo tomó sentada en el porche, envuelta en esa manta hecha por su abuela, y que formaba parte de su vida desde que tenía uso de razón.
La acariciaba, con la sensación que era la mano de su abuela, aquella mujer fuerte y animosa, que de pequeña le leía cuentos y de mayor le explicaba, cada noche, en ese mismo porche, como tratar a la madre tierra, como hacer para escuchar sus quejidos y lamentos, como oir sus cantos entrelazados con el viento que corría de norte a sur. Su abuela siempre le dijo que la madre tierra le devolvería con creces el buen trato y el respeto que le mostrase.
Y lo había cumplido día tras día durante estos 60 años, y así lo había transmitido a sus hijas y a sus nietos. Para ella el invierno era la estación de descanso de la tierra, la estación cuando la tierra se reponia de los abusos del ser humano, de las injusticias del desarrollo. Era la estación de recarga de energía y por eso, para ella el invierno era mágico. Por eso, ella también descansaba su cuerpo y su mente para recibir la primavera cargada de luz, de paz y de serenidad. Dispuesta para devolver a su tierra todas las maravillas que le regalaba cada día.
¡Qué bien se estaba allí sentada, respirando el aroma fresco de la primera nevada¡.................
MONTSE PORTO
(3 ABRIL 2011)