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03 octubre, 2010

TERAPIA SACROCRANEAL BIODINAMICA



La Terapia Sacro-Craneal es un suave, delicado y profundo trabajo corporal que restablece el equilibrio psicosomático y potencia el poder de autocuración de nuestro cuerpo. No es una técnica de masaje, sino un trabajo corporal y emocional que accede a través de las manos del terapeuta al sistema sacro- craneal, que está en íntima relación con los sistemas nervioso, musculoesquelético, vascular, endocrino y respiratorio.

El primero en investigar el «Mecanismo Respiratorio Primario» a finales del siglo pasado, fue el Dr. W. Sutherland, discípulo del padre de la osteopatía, el doctor Taylor Still (1828-1917). El doctor Still fue uno de los pioneros de la medicina holística. Buscó durante toda su vida la rearmonización del hombre con la naturaleza. Su forma de abordar la curación rechazaba la cirugía y las drogas, solamente utilizadas como última medida. Principalmente se apoyaba en un sistema de manipulación del cuerpo, que denominó osteopatía, ejercicios físicos y consejos sobre el estilo de vida. Sutherland descubrió la existencia de movilidad entre los huesos del cráneo y comenzó a investigar sobre lo que llamó mecanismo sacro-craneal, investigaciones científicas posteriores han confirmado y aclarado la potencialidad terapéutica de lo que denominaron terapia Sacro-Craneal.

Mediante la palpación no intrusiva podemos acceder al ritmo Sacro-craneal y detectar los parámetros de movilidad y vitalidad de la mecánica corporal. Este mecanismo está representado anatómicamente por: los huesos del cráneo que se articulan entre sí, el sacro, las vértebras, el líquido cefalorraquídeo, la duramadre (meninge que envuelve el sistema nervioso) y las fascias o tejido conectivo que trasmite el movimiento de fluidos por todo el cuerpo, circulación de líquidos detectando dónde se encuentran las lesiones funcionales.

El pulso del fluido cefalorraquídeo es, al igual que el latido cardíaco o la respiración, trasmitido a todos los tejidos y estructuras del cuerpo como un movimiento involuntario y espontáneo que oscila entre los seis y doce ciclos por minuto. Un dolor de cabeza persistente, por ejemplo, se manifiesta con un movimiento desequilibrado del ritmo sacro-craneal, se debe a una arruga en el tejido conectivo que impide una correcta irrigación del tejido y movilidad intracraneal; con la terapia sacro-craneal se ayuda al cuerpo a restablecer un movimiento equilibrado con técnicas suaves y sutiles.

El trabajo del terapeuta consiste simplemente en ayudar a crear las condiciones para que la potencia inherente del paciente se ponga a trabajar. Esta terapia pretende también dar mayor movilidad y equilibrio al aleteo del hueso esfenoides, cuya forma es similar a la de una mariposa y se encuentra en el centro del cráneo, cobijado por todos los huesos del cráneo. Mantiene una relación directa con todos los sentidos y es el único hueso completamente transversal del cuerpo. Equilibra también el movimiento de rodar y mecer de los huesos temporales y alivia la presión que realiza la cabeza sobre las primeras cervicales, ya que la cabeza pesa un tercio del resto del cuerpo, entre 15-30 kilos en un adulto, bloqueando los principales nervios craneales y el riego de los vasos sanguíneos que atraviesan la base del cráneo. También necesitamos relajarnos y aliviar el estrés que la vida actual produce y que controlamos al presionar la mandíbula lo cual encaja directamente con los huesos temporales, comprimiendo así el resto de los huesos craneales.

Ciertos estados emocionales negativos: como el enfado o el miedo paralizan la habilidad del cuerpo para disipar la energía. Si estos estados negativos son dominantes en el momento del accidente o injuria, el cuerpo probablemente retendrá la fuerza de la injuria desarrollando un nudo energético. Una vez que las emociones negativas se han descubierto y revivido con el apoyo del terapeuta, será más fácil liberar el nudo energético.

Algunas patologías en que más comúnmente se aplica la terapia son: • Dolores de cabeza, migrañas • Dolores y problemas de espalda y de aparato locomotor • Insomnio, estrés, ansiedad, cansancio crónico • Mareos, pitidos oídos, sinusitis y neuralgias faciales • Tics nerviosos • Secuelas de accidentes • Problemas emocionales • Traumas infantiles, niños hiperactivos • Mejora calidad de vida en casos de parálisis cerebral y autismo • Alteraciones psicomotrices • Problemas osteo-articulares • Dolores de espalda.

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